En este post encontrarás la esencia del coaching y de las buenas intenciones que no llegan a nada, o a muy poco, sino ponemos el foco en…

Empiezo estas líneas con esta frase de alto impacto: “La mente es como un paracaídas, sino se abre no sirve para nada” No abrir nuestra mente a otras realidades nos hace perder perspectiva de mejora, cuando las cosas no funcionan como queremos, o no conseguimos nuestras metas.

En los talleres o sesiones de coaching que realizo veo como las personas tiran la pelota al tejado de otro, encuentran excusas que no les dejan ver más allá de su realidad, o incluso, no son capaces de salir de la tan nombrada zona de confort; impidiéndoles avanzar y llevándoles a la frustración, negación constante, mal estar, pereza o desidia en muchos casos.

No niego la veracidad de lo que me cuentan, es más, me atrevo a decir que es 100% real en la mayoría de los casos. Sin embargo la realidad es diferente dependiendo de cómo la quieras -y resalto quieras- MIRAR. Todos tenemos dificultades, conflictos de todo tipo, muchos de ellos más comunes de lo que pensamos, solo que no se comparten; se guardan y van intoxicando poco a poco, hasta llegar al punto de enfermar.

Algunos de mis clientes, entre ellos entrenadores, padres y profesores, buscan ayudar a otras personas a través de sesiones de coaching personal, lo cual me alegra, sin embargo les digo que para ayudar a otras personas primero deben ayudarse a sí mismos, trabajándose personalmente de tal modo que se sientan bien y puedan escuchar y empatizar, solo así podrán ayudar a otras personas. Un tremendo golpe para muchos, ya que hay que hacer un gran gesto de humildad con uno mismo al que no todos están dispuestos.

Una de las frases que utilizo muy a menudo dice que preocuparse por los demás es absurdo, pues se invierte mucho tiempo y energía sin retorno para nadie.

Desde mi punto de vista, lo más acertado es ocuparse de uno mismo para poder tomar conciencia de lo que podemos hacer por nosotros, del mismo modo en que logramos un impacto positivo en los demás, proyectando siempre lo mejor de nosotros  con confianza y entusiasmo. Si cada persona se ocupara de sí misma, nadie se tendría que preocupar por nadie.

Mi mensaje de hoy para todos es: Menos Convencer Y Más Contagiar.

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