El aprendizaje es inherente a la vida humana. Por eso el hombre puede aprender siempre, si cesa el interés por aprender disminuye también el interés por vivir. Aplicamos de esta manera la teoría de ver siempre el vaso medio lleno.

Ahora bien, debemos tener en cuenta que la inteligencia, capacidad y disposición por aprender en los adultos tiene una estructura diferente de las de los jóvenes, ésta se halla vinculada más estrechamente a las percepciones, vivencias, actividades y, sobre todo, a la experiencia vivida anteriormente.

La capacidad de aprendizaje del adulto no disminuye automáticamente a medida que se van aumentando los años; contrariamente a lo expuesto por la “Déficit Theory” (disminución de la capacidad con la edad) ampliamente difundida, la capacidad mental de recepción, de adaptación y asimilación depende de la intensidad y duración de los incentivos adecuados, así como de las demandas y exigencias de su medio.

Diversas investigaciones (Tight 1983), demuestran que los adultos de cualquier edad pueden aprender igual que todos los miembros jóvenes de la sociedad y que, por otra parte, los métodos instructivos usados para niños y adolescentes no resultan igualmente efectivos para los adultos.

El diseño curricular presenta como novedad el concepto de etapas evolutivas del adulto. Gracias a los estudios de Gail Sheehy, Roger Could y Daniel Levinson entre otros, venimos a darnos cuenta de la existencia de etapas de maduración o crecimiento en el adulto. Comparando el aprendizaje del adulto con el del joven, podemos decir que no aprende peor, pero si se encuentra en otra situación de aprendizaje y tiene otras necesidades y otros intereses vitales; requiere una motivación especial para aprender y necesita, desde luego, otras formas de aprendizaje que le ofrezcan una ayuda convincente para mejorar o apoyar su orientación, su capacidad de acción, el hallazgo de su identidad personal y social, sus posibilidades de autorrealización y de mejoramiento de la calidad de su propia vida y de su ambiente. Además, las necesidades e intereses del adulto van evolucionando, al igual que sus intereses y valores. Al progresar en la edad no se produce, por tanto, una reducción sino más bien un cambio estructural en las disposiciones intelectuales apropiadas. Si la memoria y la rapidez en el aprendizaje decrecen con la edad, los sistemas de comprensión cognitiva pueden ir diferenciándose constantemente con los años y perfeccionándose progresivamente, con lo cual también puede aumentar la exactitud y seguridad del aprendizaje. De hecho, el aprendizaje es siempre una cuestión de organización, es decir, la eficiencia de un conato de aprendizaje depende, en gran medida, de la capacidad del alumno de organizar y ordenar la materia a aprender, de lo adecuadamente que pueda ver el tema dentro de un contexto global e integrarlo también en el contexto de su propia imaginación.

La capacidad de aprendizaje de los adultos que han desarrollado tales sistemas de organización para su aprendizaje, puede verse así fomentada en gran medida. Se plantea para ello estímulos, a través de medios auxiliares como puede ser un método abierto, de modo que el individuo pueda asimilar los contenidos del aprendizaje de acuerdo con sus estructuras específicas de pensamiento y organización mental.

La cuestión acerca de la disposición de los adultos para aprender, no depende, en consecuencia, tanto de la edad como de las condiciones de aprender. El estímulo nacido de una situación nueva o una urgente exigencia práctica pueden movilizar en los adultos especiales fuerzas motoras y motivaciones para el aprendizaje, particularmente cuando se presentan posibilidades concretas y apropiadas para su puesta en práctica dentro del contexto de su vida, trabajo e intereses.

El adulto puede mejorar su situación por medio del esfuerzo personal, a fin de enriquecer su propia individualidad, así como para mejorar su entorno. En este ámbito de intencionalidad es donde debe ubicarse la acción educativa y didáctica con independencia de la etapa biológica en que se encuentre.

Como afirma Gento (1994), debe tenerse en cuenta que si bien en las diferentes fases de la adultez, pueden establecerse peculiaridades a tener en cuenta, la disposición de los adultos a aprender no parece depender tanto de la edad, como de las condiciones del aprendizaje y de las técnicas de enseñanza: ambos aspectos influyen en la actitud de las personas adultas ante el aprendizaje.

Respecto a los principios didácticos generales, existe cierto consenso en los estudiosos del tema, al subrayar la importancia de los siguientes:

  • Basar los procesos de aprendizaje en la participación activa y democrática, a fin de estimular la motivación intrínseca que el adulto inicialmente presenta con carácter general. Se requiere pues una especial capacidad de los formadores para adaptarse a las necesidades e intereses de los adultos. Los procesos de intervención didáctica deben orientarse, por lo tanto, hacia la participación activa de los adultos, la dirección democrática, la planificación y la definición conjunta de objetivos y actividades y, siempre, hacia los intereses y necesidades de los adultos.
  • Resaltar el nivel de transferencia en la impartición de los conocimientos, dado que el adulto busca la inmediatez de su aplicabilidad a la vida práctica. A tal fin, resulta de gran interés la utilización de recursos plásticos, (con proyección inmediata hacia la práctica) y las aplicaciones concretas, éstas se producirán a partir de la explotación de los conocimientos adquiridos y del empleo de grupos de discusión con este enfoque eminentemente operativo.
  • Adoptar como principio a tener en cuenta en el diseño y desarrollo de los procesos de aprendizaje la experiencia de éxito que constituye una garantía de aprendizaje posteriores. Para ello se reforzará la autoconfianza de los adultos, proponiéndoles objetivos alcanzables, facilitándoles los recursos precisos para lograrlos y tratando de no reproducir procesos de enseñanza anteriores en los que hay primado el autoritarismo. Para que la evaluación constituya un elemento de mejora y una experiencia de éxito, deberá potenciarse la participación del adulto en la misma, estimular la autoevaluación, la evaluación grupal y la coevaluación social (control, sanción), utilizar la referencia personalizada y potenciar los aspectos orientadores derivados de la información recogida.
  • Ajustar el ritmo y ubicación personal a los programas a fin de dar respuesta idónea a las limitaciones de tiempo y espacio que sufren los adultos. El tiempo y el espacio no deben constituir un obstáculo en la intención del adulto de aprender, evitándose actividades fuera del ámbito educativo, estableciendo horarios flexibles, diseñando formaciones modulares, promoviendo la educación a distancia.
  • Aprovechar la experiencia que poseen los adultos y el caudal de conocimientos prácticos adquiridos a través de la misma, elementos que constituyen el punto de partida para la abstracción, generalización y ampliación de los conocimientos para lograr la significatividad de los mismos.

Efectuar un planteamiento globalizado de los saberes, organizado en torno a proyectos en los que concurran los nuevos conocimientos junto a los que ya se poseen.

Jiménez analiza la secuencia del aprendizaje adulto de acuerdo a las siguientes fases:

  • Desarrollo a partir de una necesidad.
  • Búsqueda de tentativas para solucionar el problema.
  • Comprobación del grado de éxito de la solución encontrada.
  • Aparición de cambios cognoscitivos acompañados de procesos emocionales como: curiosidad, ansiedad, frustración, alegría.

Aprender es un proceso integrado en el que los nuevos conocimientos se fijan en la memoria, se mejoran habilidades motrices, se incrementa la confianza en la propia capacidad de aprender y se mejora el control de aspectos emocionales.

Todo proceso de enseñanza-aprendizaje, debe tener en cuenta los condicionantes de carácter fisiológico, psicológico y sociológico propios de la etapa de la adultez en que se encuentre el sujeto, así como sus circunstancias personales.

El adulto, dada su autonomía y nivel de desarrollo personal, es un buen sujeto de educación en la medida en que el programa le resulte adecuado, motivador y útil.

A modo de síntesis, se deben subrayar, como principios destacables a tener en cuenta en los procesos de enseñanza-aprendizaje del adulto: su participación activa, el fomento del diálogo, la creación de grupos de estudio, el aprendizaje experiencial, la interdisciplinariedad y el empleo de las nuevas tecnologías para posibilitar el encadenamiento de los conocimientos con la propia realidad vivencial del adulto.

“Sí al leer este texto descubres muchas ganas de aprender dentro de ti, brotan distintas emociones en tu interior que no sabes gestionar, mándame un correo y te ayudaré a ponerte en movimiento para desarrollar un proceso de aprendizaje que tu mismo crearás “

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